La principal característica de Ninja Gaiden es su velocidad. Como buen ninja Ryu Hayabusa se mueve a una velocidad sobrenatural y cae sobre sus enemigos antes de que puedan reaccionar. Con algunos de los enemigos más resistentes, como los zombis, nos veremos obligados a saltar de un lado a otro asestando espadazos antes de que puedan atacarnos. Si conseguimos concentrar energía vital de los ya muertos realizaremos ataques mucho más espectaculares y demoledores, como si de un combo se tratase.
Con los enemigos humanos es de vital importancia utilizar bien no solo el ataque, sino también la defensa. No bastará con correr de un lado a otro: de vez en cuando será necesario protegerse detrás de la espada para evitar un devastador contraataque.
Además de luchar nos veremos obligados a resolver algunos puzzles (no demasiado complejos por cierto) y buscar objetos a lo largo de los niveles, tales como llaves, interruptores de puertas o reliquias sagradas. Esta es la parte más tediosa del juego y por ello tampoco se ha hecho demasiado hincapié en ella, relegándola a un segundo plano y primando la lucha cuerpo a cuerpo.
Los enemigos de final de fase siguen un estilo muy parecido al Ninja Gaiden original y a todos los juegos de vieja usanza. Al final de un nivel nos encontramos con seres sobrenaturales de gran poder y maldad infinita. Sus movimientos son muy regulares y siguen un patrón establecido, por lo que si conseguimos averiguar las pautas de movimiento y ataque que siguen será menos difícil derrotarlos. Esto no quiere decir que sean pan comido… todo lo contrario. Algunos de ellos nos llevarán varias docenas de intentonas y nos harán desesperar.